Funciones de un TSEI


Un/a técnico/a de educación infantil cumple diferentes funciones dependiendo de la salida profesional que tome, pero que van de la mano unas con las otras. 

A continuación se recopilarán algunas de sus principales funciones generales.


  • Elaborar propuestas didácticas: 

Diseñar propuestas educativas personalizadas orientadas a desarrollar aspectos cognitivos, socioafectivos, y motores, adaptadas a las etapas, necesidades y características de los niños y niñas. Utilizando métodos de aprendizaje activo y significativo basados en el juego y exploración en un ambiente que sea seguro y estimulante.


  • Figura de soporte emocional y social:

El o la educadora funciona como un modelo y figura que proporciona soporte emocional a los niños y niñas fuera del hogar al darles consuelo y orientación en momentos de angustia. Permite moldear los comportamientos en el aula, fomentando la colaboración y un desarrollo social positivo, esto implica la creación de un entorno seguro, afectivo y motivador que invite a los niños a explorar, experimentar y expresarse con libertad. La gestión del aula a través de rutinas y normas sencillas ayuda a mantener un ambiente armonioso, dinámicas participativas y la disciplina positiva en una etapa temprana.


  • Acompañar a los niños y niñas durante su desarrollo:

La función de un/a educador/a en esta etapa está marcada por el papel de guía que este tiene ante los diferentes hitos evolutivos de los niños y niñas a su cargo. Los ayuda a descubrir el mundo que los rodea y la evolución de nuevas habilidades desarrolladas al proponer juegos y actividades que estimulen sus sentidos, la curiosidad y el aprendizaje significativo.


  • Desarrollar la autonomía de los niños y niñas:

Se debe impulsar a los niños y niñas para que realicen actividades por ellos mismos a la vez que se divierten con juegos o a través de actividades cotidianas (como el higiene básico, vestirse, comer, etc.), diseñadas para que con el apoyo del educador, los menores empiecen a tomar decisiones y a sentirse autosuficientes, fomentando la independencia y confianza en sí mismos.


  • La evaluación 

Los educadores o educadoras observan el proceso de desarrollo de cada niño y niña, conociendo desde que posición parte el niño o niña, su evolución y los resultados de la intervención educativa, manteniendo un registro de sus progresos y dificultades concretas que puedan requerir la intervención de otros profesionales al identificar las necesidades y diferentes ritmos en el aula. Haciendo un seguimiento de la participación, interacción, interés en las actividades o la evolución de sus habilidades motoras, cognitivas, afectivas o sociales. Esto permite que se evalúe el nivel de efectividad de las actividades, posibles correcciones y observaciones del aula.


  • Detección de dificultades y trabajo en equipo junto con otros profesionales.

Es importante identificar cualquier tipo de dificultades en el aprendizaje, ya sean retrasos, trastornos, situaciones familiares, necesidades de aprendizaje específicas o comportamientos en cuanto a cómo se relacionan los niños y niñas con los demás en el entorno. Por esto mismo, la comunicación entre las familias y el docente es fundamental, ya que comparten información importante acerca del proceso de desarrollo, inquietudes o dudas que puedan ser respondidas trabajando en conjunto. Del mismo modo y si es visto necesario, se deriva el caso a profesionales específicos que atiendan de manera adecuada las dificultades afrontadas, colaborando con otros educadores, orientadores, psicólogos u otros especialistas. Por lo cual es fundamental mantener una buena relación profesional y trabajar en equipo para favorecer el desarrollo integral de los menores.



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